En una mañana cualquiera de Atlanta, Elsa Sánchez revisa su correo electrónico antes de preparar el desayuno. Lleva más de cinco meses esperando la respuesta a su solicitud de renovación de DACA. Su permiso de trabajo venció a principios de abril y su empleo en una empresa de tecnología informática para el sector salud quedó en pausa. Madre soltera de un estudiante universitario de primer año, ahora calcula hasta el último centavo antes de comprar champú o detergente. “Me digo: no lo sé, tal vez pueda reducir eso. Tal vez no lo necesite”, confiesa.
Su historia no es un caso aislado. Los retrasos en las renovaciones de DACA están dejando a miles de jóvenes inmigrantes sin permiso de trabajo, sin licencia de conducir y con un miedo renovado a la deportación. La espera promedio pasó de unos 15 días en 2025 a aproximadamente 70 días entre octubre de 2025 y febrero de 2026. Algunos casos superan los cuatro meses, muy por encima de los 120 a 150 días de antelación que recomienda el Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos (USCIS) para presentar la solicitud.

Qué está provocando la demora en las renovaciones
Las autoridades explican que los tiempos se alargan por procesos de revisión más estrictos. También pesan el regreso de las citas biométricas y las nuevas políticas migratorias. Bajo la administración actual, el USCIS aplica una verificación más exhaustiva de todos los extranjeros, lo que inevitablemente prolonga los plazos de procesamiento.
Las consecuencias no son teóricas. Cuando el estatus DACA caduca antes de recibir la renovación, la persona pierde automáticamente su permiso de trabajo. Y sin ese documento, muchas veces pierde también la licencia de conducir, lo que complica hasta el traslado diario. Melani Candia, residente de Florida, perdió su empleo por esta misma razón. “Tener un nuevo nivel de vulnerabilidad fue un aumento muy rápido del miedo”, relata.
La situación golpea con especial dureza a quienes no tienen un estatus alternativo. A diferencia de un residente permanente o un ciudadano, un beneficiario de DACA no puede simplemente esperar: cada día sin estatus es un día sin protección legal y sin posibilidad de trabajar legalmente.
La universidad como salvavidas frente a la incertidumbre
En este contexto de esperas interminables y políticas cambiantes, algunas organizaciones proinmigrantes han decidido apostar por una herramienta que no depende del gobierno: la educación superior. TheDream.US, el programa de becas más grande del país para jóvenes inmigrantes, ofrece ayudas completas o parciales para que los dreamers —estén o no amparados por DACA, tengan o no TPS— puedan completar estudios universitarios.
Gaby Pacheco, una de las defensoras del DREAM Act y fundadora de TheDream.US, lo plantea sin rodeos: “Ahora más que nunca. Este es el momento que busquen la manera de estudiar, que busquen una beca, que sean parte de las universidades. Los inmigrantes deben buscar a las organizaciones porque si por miedo se aíslan, el miedo solo nos hace tomar malas decisiones”.
Pacheco insiste en que el título universitario funciona como una especie de pasaporte. “Sabemos que los inmigrantes sin estatus legal están muy limitados, pero también sabemos que la educación es muy importante y para muchos indocumentados les ha permitido ir más allá. Nosotros siempre hablamos de papeles, que si la Green Card, que si la Ciudadanía, que si DACA, pero el título universitario es una especie de pasaporte que abre las puertas a muchas oportunidades”. Con un título, explica, se puede conseguir un mejor trabajo y, en el futuro, una visa de trabajo. “Te abre puertas que de otra manera no podrías”.

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Qué ofrecen las becas y quién puede solicitarlas
TheDream.US nació un año después de que se aprobara DACA bajo el gobierno de Barack Obama. Desde entonces, ha canalizado dos tipos de ayuda principales:
- Beca de la oportunidad: dirigida a estudiantes que viven en estados donde no pueden pagar la matrícula estatal y deben abonar montos mucho mayores por ser considerados estudiantes extranjeros. Esto ocurre en Georgia, Carolina del Norte, Carolina del Sur, Misisipi, Alabama y otros estados. La beca cubre hasta 100.000 dólares para matrícula, alojamiento y alimentación. Se otorgan alrededor de 100 por ciclo y el plazo para solicitar vence el 31 de enero de 2025.
- Beca nacional: para quienes asisten a una universidad en el estado donde viven y pueden pagar la matrícula estatal, como en Florida, Nueva York o California. La ayuda asciende hasta 16.000 dólares para un título asociado y hasta 33.000 dólares para una licenciatura. Un promedio de 1.000 estudiantes la reciben cada año. La fecha límite es el 28 de febrero de 2025.
La iniciativa surgió porque los jóvenes amparados por DACA, aunque obtienen un permiso de trabajo y protección contra la deportación, no tienen acceso a la ayuda financiera federal para estudios superiores. Muchos estudiantes sin estatus legal regular se quedan fuera de las becas convencionales y de los préstamos federales.
No todos comparten el entusiasmo por el término “soñadores”. El analista republicano Fernando Godo considera que llamar así a este grupo de migrantes es una “manipulación del lenguaje”. Argumenta que “soñadores podemos ser todos” y que el término solo sirve para “sensibilizar” a la opinión pública sobre “muchachos que ingresaron al país ilegalmente” y quieren estudiar. La discusión sobre las palabras no cambia, sin embargo, la realidad de quienes esperan una respuesta del USCIS.
Más allá de los papeles: la decisión de formarse
La incertidumbre actual no tiene una solución mágica. Los retrasos en DACA pueden prolongarse, las políticas migratorias pueden cambiar de nuevo y los tribunales pueden intervenir en cualquier momento. Frente a ese escenario, la recomendación de organizaciones como TheDream.US es concreta: buscar alternativas que no dependan de la discreción del gobierno.
Un título universitario no resuelve el estatus migratorio de inmediato. Pero ofrece algo que ningún permiso temporal garantiza: una credencial que abre puertas laborales, que puede servir para una futura visa de trabajo y que nadie puede quitar. Para quienes viven con fechas de vencimiento y prórrogas inciertas, esa diferencia pesa más que nunca.
La decisión de estudiar, buscar una beca y acercarse a las organizaciones de apoyo no elimina el miedo. Pero como dice Pacheco, aislarse por miedo solo lleva a tomar malas decisiones. En un momento donde los tiempos de espera se miden en meses y las respuestas no llegan, la educación sigue siendo el único camino que los jóvenes pueden recorrer por sí mismos, sin esperar el visto bueno de nadie.










