En una sala de espera de un centro de salud comunitario en Los Ángeles, una mujer de unos cincuenta años sostiene un formulario en español e inglés sin saber bien cuál de las dos columnas corresponde a su situación. No tiene seguro médico, trabaja en una cocina desde las seis de la mañana y lleva tres años sin hacerse una revisión de colesterol. Su caso no es una excepción: es el retrato de millones de latinos que viven en Estados Unidos y que, según un informe de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), se enfrentan a un sistema de salud que no termina de ajustarse a sus necesidades.
¿Por qué la comunidad latina tiene mejor tasa de supervivencia pero peor acceso a la sanidad?
Los datos del primer estudio nacional del CDC sobre la salud de los latinos dibujan una paradoja difícil de explicar. Por un lado, la tasa de mortalidad de esta población es un 24 por ciento más baja que la de los blancos no hispanos. En nueve de las quince causas de muerte más frecuentes, los latinos presentan índices menores: cáncer, enfermedades cardíacas, infartos, dolencias respiratorias, Alzheimer y suicidio, entre otras. Por otro lado, viven con mayores índices de pobreza y con mucho menos acceso a servicios médicos.

Este fenómeno tiene nombre propio: la paradoja latina. El doctor Tom Frieden, entonces director del CDC, lo explicó en una conferencia de prensa con un matiz importante: la diferencia no está en los genes. “Los genes no cambian cuando alguien se muda de país”, afirmó. Lo que cambia es el entorno. Y el entorno, con el paso del tiempo, termina pasando factura.
Los latinos nacidos en Estados Unidos presentan un 30 por ciento más de obesidad que los que llegaron como inmigrantes. También tienen la presión arterial un 40 por ciento más elevada, fuman un 72 por ciento más y sufren un 89 por ciento más de enfermedades cardíacas y un 93 por ciento más de cáncer. El epidemiólogo Kenneth Domínguez, autor principal del informe, lo atribuye a la exposición a la comida rápida, las bebidas azucaradas y las porciones gigantes que la publicidad empuja al consumo diario.
Las cifras que marcan la diferencia: diabetes, obesidad y homicidios
No todos los riesgos se reparten igual. Comparados con la población blanca, los latinos tienen un 23 por ciento más de probabilidad de padecer obesidad. Pero donde la brecha se nota con más crudeza es en la diabetes: el riesgo de morir por esta enfermedad es un 51 por ciento mayor. Le siguen los problemas crónicos de hígado y cirrosis, con un 48 por ciento más de riesgo, y el homicidio, con un 69 por ciento más de probabilidad de ser víctima.
El tabaquismo, en cambio, juega a favor. Solo un 14 por ciento de los latinos fuma, frente al 24 por ciento de los blancos. Ese hábito menos extendido explica en buena parte la menor mortalidad general, aunque no compensa las carencias del sistema.
La falta de seguro médico es uno de los muros más altos. Según el CDC, los latinos tienen el triple de probabilidades de no contar con cobertura sanitaria. Más del 41 por ciento de ellos no está asegurado, frente al 15 por ciento de la población blanca. Sin seguro, las revisiones de cáncer de mama, colon o cuello uterino se convierten en un lujo que muchos no pueden permitirse.
- La diabetes mata a los latinos un 51 por ciento más que a los blancos.
- La obesidad afecta a un 23 por ciento más de latinos que de blancos.
- El homicidio es una causa de muerte un 69 por ciento más frecuente entre latinos.
- El 41 por ciento de los latinos no tiene seguro médico, frente al 15 por ciento de los blancos.
La salud mental, la gran ausente en la conversación
La comparación con los blancos también deja al descubierto un terreno donde las cifras no siempre se cuentan: la salud mental. La comunidad latina muestra una predisposición similar a la depresión mayor, el trastorno de ansiedad generalizada, el estrés postraumático o el consumo excesivo de alcohol y drogas. El suicidio, además, es un problema creciente entre la juventud latina.
La diferencia está en el acceso al tratamiento. Los latinos son menos propensos a buscar consejería o atención psiquiátrica, y cuando la buscan, reciben una atención de menor calidad que el resto de la población. Esa desigualdad los expone a un riesgo más alto de sufrir una condición de salud mental sin diagnosticar o de llegar a un episodio de crisis sin red de apoyo.

Las barreras no son solo económicas. El idioma, la desconfianza hacia las instituciones, el miedo a consecuencias migratorias y la falta de terapeutas que entiendan el contexto cultural latino convierten la consulta psicológica en un paso difícil de dar. Muchas familias arrastran además la idea de que los problemas emocionales se resuelven en casa, sin necesidad de un especialista.
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El tiempo en Estados Unidos no mejora la salud: empeora
Uno de los hallazgos más contundentes del informe del CDC es que la salud de los latinos se deteriora cuanto más tiempo llevan viviendo en el país. Los que nacieron fuera de Estados Unidos llegan con mejores indicadores de salud que los que ya nacieron allí. Pero esa ventaja inicial se va perdiendo con los años. La presión arterial sube, el peso aumenta, el tabaco aparece y las enfermedades crónicas hacen acto de presencia.
“No es la genética. Los genes no cambian cuando alguien se muda de país. Hay más factores ambientales que promueven la obesidad o aumentan el índice de fumadores, y ambos afectan la salud.” — Tom Frieden, exdirector del CDC
Detrás de esa pérdida de salud hay decisiones de mercado, no de biología. La publicidad de comida rápida, las bebidas azucaradas más baratas que el agua embotellada y los entornos urbanos sin espacios para caminar empujan a un estilo de vida que el cuerpo no estaba preparado para sostener. Los latinos que llegan al país traen consigo hábitos alimentarios más cercanos a la cocina tradicional; con el tiempo, esos hábitos se sustituyen por opciones rápidas y ultraprocesadas.
La proyección demográfica añade urgencia al asunto. Hoy, casi una de cada seis personas que viven en Estados Unidos es de origen hispánico, unos 57 millones de personas. Para 2035, se espera que esa cifra supere los 85 millones, una de cada cuatro. Si las condiciones de acceso a la salud no cambian, el sistema tendrá que atender a una población más numerosa, más enferma y con menos recursos para pagar la atención.
La paradoja latina tiene fecha de caducidad. Mientras los recién llegados mantengan esa ventaja inicial, las estadísticas generales seguirán mostrando una comunidad con mejor supervivencia que los blancos. Pero los latinos nacidos en Estados Unidos, que ya son la mayoría de la población hispana, no heredan esa protección. Heredan el entorno, la comida rápida, el tabaco y las listas de espera.
El informe del CDC no propone soluciones mágicas. Señala, con datos, que mejorar la salud de los latinos pasa por intervenir en los factores ambientales que fomentan la obesidad y el tabaquismo, y por derribar las barreras de acceso a la atención médica y mental. Sin seguro, sin revisiones periódicas y sin terapeutas que hablen el idioma del paciente, la brecha no se cerrará sola. Cada año que pasa en Estados Unidos acerca a esta comunidad a las mismas enfermedades que afectan al resto del país, pero con menos herramientas para enfrentarlas.










